Prólogo

Yo divido a los cultivadores de la historia en dos grupos, según las dimensiones de su material de estudio. Los cultivadores de la Gran Historia, o sea, los grandes historiadores; y los cultivadores de la pequeña historia, los pequeños historiadores. Yo me ubico entre los segundos. ¿Por qué? No lo hago sólo por modestia, sino porque siempre me ha cautivado la pequeña historia; o las "pequeñas historias". Por este camino pienso que, tal vez algún día, llegue a asomarme a la Gran Historia….

Porque realmente, la historia es, en síntesis, la obra del hombre; la obra de muchos, de muchísimos hombres….

La obra del hombre pequeño cimenta la historia de una comunidad; con sus logros y fracasos se levanta la historia regional; y con los de aquella, la historia nacional.

Por esto estoy convencido de que toda la Historia tiene como base la obra humana individual y limitada.

Tal vez, inconscientemente y por dulce curiosidad, yo comencé a estudiar, desde adolescente, la pequeña historia de mis padres. De ella pasé a la algo mayor, de mis abuelos. Y así arribé orgulloso a las de mis ancestros. Y se me cimentó una ingenua vanidad al ponderar algunas acciones, unas importantes y otras molestias que ellos brindaron a la Patria. Y también la dignidad comenzó a forjarme el carácter con férreos controles vitales.

Creo que este camino humilde de conocer la Historia es el mejor camino para orientar a un joven y convertirlo en un hombre.

Por todas las razones apuntadas, me satisface y honra tanto prologar este trabajo histórico-genealogíco, del joven investigador santiaguero, Edwin Espinal Hernández, sobre la familia Pichardo. Específicamente, de los descendientes del prócer Domingo Daniel Pichardo y Pró y de su esposa Doña Generosa Román y Leguizamón, tía-abuela de mi propia abuela, Doña Victoria Román y Grullón vda. Dobal; y tatarabuela de mi esposa Eliana Fernández Pichardo.

La notable estirpe de los Pichardo –como la de los Morel de Santa Cruz y la de los Rojas- es pródiga y constantemente a la gloriosa historia de nuestra tierra, durante casi medio milenio. Por esto, su tupido ramaje general, habiendo contribuido amplia y constantemente, a la gloriosa historia de nuestra tierra, durante casi medio milenio. Por esto, su exaltación es una bella manera de conmemorar el V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América.

Durante la Conquista, la Colonia, la Independencia, la Restauración y la Segunda República, todas las luchas por el establecimiento y el mantenimiento de nuestra nacionalidad dominicana, han encontrado a los Pichardo en posición cimera. Tanto en el campo bélico como en el campo intelectual y social.

Linaje de profunda raíz aristocrática, ha mantenido su autoridad y honestidad a ultranza, sin dejar de florecer vigorosamente en atractivo criollismo. Así vemos que, entusiastas incansables, han conservado los Pichardo las tradiciones santiagueras más atractivas como la equitación y la cría de caballos de paso fino; y la organización de las fiestas patronales y carnavalescas.

El ingente amor de esta familia por el cultivo de la amable vida dominicana, nunca ha impedido que, en su momento, hayan sabido sus miembros con el sable o el libro, servir a su comunidad.

Esta obra de Edwin Espinal, que hoy prologamos, recoge en muchos aspectos, la pasión familiar de algunos notorios integrantes de la familia Pichardo –como Don Orlando, Doña Venecia vda. Fernández y tantos otros- y conducirá al joven estudioso a iniciar el camino seguro que conduce a la culminación de altos logros personales.

Nuestra felicitación al autor y a cuantos han contribuido a la realización de este libro bello y útil para la Historia Dominicana.

Doctor Carlos Dobal