JOSE  MARIA PRIETO PEÑA

"RICHARD MARTIN" 

"PEPITO" 



        Esteban el mayor de los hermanos, se dedica al igual que su padre al negocio y al comercio. Como la costumbre de los españoles era siempre darle todo al hijo primogénito, el segundo de los hijos, sintiendo que nunca iba a poder transgredir esta regla, decide irse de aquí y se embarca para 1929, hacia los Estados Unidos de América. Allí conoce a una joven puertorriqueña, llamada Agnes Conde con quien se casa y procrea una hija a la que ponen el mismo nombre de su madre. 

        Al parecer esta unión debió durar unos seis a ocho años, pero Pepito, como se le decía a José María, no soportó este matrimonio y luego que viene la Segunda Guerra Mundial, el se alista en la marina llegando a ser Sargento Mayor de la Marina. Parece que decide hacerse ciudadano americano y aprovecha para cambiarse el nombre y a partir de ahí se llama Richard Martin Prieto.

        Su ex-esposa se cansa de buscarlo y viendo que no aparecía con el nombre de José María y estando en tiempos de guerra le declara como fallecido. A partir de esa época, jamás se vuelve a saber de José María.

        Pero es mucho años después que se viene a tener alguna noticia de él, cuando viviendo su hermana Blanca en la ciudad de Nueva York, en la isla de Manhattan, su esposo lleva a la casa a un compañero de trabajo que había sido combatiente en la Segunda Guerra Mundial. En sus conversaciones siempre hablaba de un sargento apellidado Prieto. Su hermana sospechó que pudiera ser su hermano y comenzó a hacerle preguntas sobre su físico, sobre su personalidad, sobre sus gustos musicales y su amor al mar y la naturaleza. Todo coincidía en su mente y no dudo jamás que no fuera su hermano.

        Ella le comentó al amigo que hiciera lo posible por hacer que el fuera a su casa de Nueva York, y así lo hizo. Y cual no sería la reacción de ambos al verse de nuevo después de tantos años. Nunca sabremos como la percepción femenina puede hacer milagros y reconocer a alguien por el solo hecho de hacer algún comentario. Pero ella después de este encuentro, no ahondó en la vida de el ni le preguntó jamás por que no se había vuelto a saber de el. 

        El tomó como rutina volver a ver a su hermana cada vez que podía, es así como una vez estando en la ciudad de nueva York en 1964, alcanzamos a conocerlo, Margarita Vicioso de Prieto, Carmen Rosa Prieto Vicioso, Isabel Virginia Prieto y el autor de estas líneas cuando apenas tenía la edad de 15 años.

        Unos años después volvió a la casa y la encontró vacía, fue donde su hermano José Antonio y éste le dijo que ella había fallecido de un cáncer en la ciudad de Santo Domingo.

Después de ésto volvía de vez en cuando a la casa de José Antonio, pero no con la frecuencia de antaño a que acudía a ver a su hermana, pero nadie le preguntaba donde vivía solo dejaban que contara lo que quisiera. Se sabía que se había vuelto a casar y que tenía tres hijos.

        Para 1970, su primera hija Agnes viene a Santo Domingo, invitada por sus tíos, y ella comenta que no había sabido de su padre nunca. 

        Pero lo más interesante de esta historia es como hacen contactos las dos ramas de la familia de nuevo, por medio de una persona intermedia y la casualidad. Resulta ser que el autor de este libro acostumbra a ir a Pennsylvania a la casa de unos cuñados con los que realiza unas exportaciones de cerámicas y artesanías de la República Dominicana hacía el mercado americano.

        Por esta razón mi concuñado Jack Kahl, esposo de Lourdes Villegas, hermana de mi esposa Gloria, estaba participando en una feria de Artesanía en la Ciudad de Valley Forge, cerca de Philadelphia y frente al estado de New Jersey en el sur, y habían invitado a todas las tiendas y empresas de los alrededores para que fueran a ver los productos a exhibir.

        Se acerca al local de mi cuñado una señora americana y empieza a ver la mercancía, muñecas de barro, y otros objetos de cerámica, y ella le pregunta que si esas muñecas eran de la República Dominicana y que si decir Santo Domingo era lo mismo, él le contesta que si y ella le dice !Que casualidad! el pregunta: Por qué?, y ella le comenta que ella cree que la familia de su esposo es de ese país, pero que ellos no conocen a sus pariente de allí.

        Jack le pregunta que de que apellido ella se refiere, a lo cual ella contesta: Prieto. Es entonces cuando Jack se sorprende y le dice que su cuñado es apellidado Prieto. Entonces ella le pregunta por los rasgos físicos y como coinciden, ella le da su teléfono y su dirección y le dice que le gustaría conocernos.

        Inmediatamente que Jack llega a su casa de Richland, Pennsylvania, me llama para darme esta información, al principio pensé que eran los primos de nueva de Nueva York que había conocido pero el nombre no coincidía y como no sabía cuales eran los nombres de las esposas, me puse frío de soprpresa, al pensar que pudieran ser los hijos de tío Pepito que tanto ansiaba por conocer.

        Esto pasó al principio del verano y en agosto estaba yo en Nueva York, en un seminario de AFS, cuando hice que mi sobrina Carmen hiciera el primer contacto por teléfono y le informara nuestro deseo de conocerlos y el deseo de volver a ver a nuestro tío Pepito. A los dos días nos fueron a buscar a Nueva York y conocimos a su esposa y a uno de sus hijos. Lamentablemente cuando llegamos a verle el estaba muy enfermo y había perdido la razón, no me recordaba y no tenía posibilidad de entablar una conversación. 

        En ese encuentro estuvimos mi esposa Gloria y mi hermano Guillermo. Al año siguiente en abril falleció en la ciudad de New Jersey a los 88 años.

        El 24 de octubre de 1993, volví a Nueva York, y fui a visitar su tumba, y conocí a su hijo Richard y su familia.

        Su esposa Soledad vive en su residencia de la ciudad de New Jersey, rodeada del cariño de sus hijos.