Notes for José Ambrosio Rodríguez Bultés: [Rodríguez, Francisco de la Cruz (p).FTW]
LA CARTA
Señor Don Francisco Cepeda,
Director de La "Revista de Puerto Rico"
Muy Respetable y Digno Señor: Aunque no tengo el honor de conocer su noble personalidad cuyo nombre ocupo con la humildad que me caracteriza para molestar su atención, suplícole se digne dar cabida en las columnas de su ilustrado periódico a las siguientes líneas, satisfacción que quiero dar al público y a los tribunales en general por lo q. me suscribo desde esta cárcel de Ponce de ud. Atento S.S.Q.B.S.M. A ruego de Juan Ambrosio Rodríguez, por no saber firmar, Manuel Santiago Pinedo. Como hombre que de culto me aprecio desde que tengo uso de razón hasta hoy en edad decrépita y de intachable conducta, voy a manifestar a Ud. hechos y barbaridades de que fui víctima en fecha que á continuación narraré con municioso detalle, para que haga uso de ella como procede a su reconocida caballerosidad. En la tarde del 8 del corriente encontrábame tranquilo en mi casa habitación, sita en al barrio de Sierra-Alta, juridicción de Yauco. A eso de las seis de dicha tarde, regocijábame en ver á mi numerosa familia en la más completa salud y alegría, cuyo gozo fue trocado en sobresalto, presentándose en mi casa dos guardias de Orden Público, preguntándome cortésmente si era yo la persona de Don Ambrosio Rodríguez, á lo cual contesté que era su servidor, envitándoles á que pasasen adelante, si gustaban. Estos agentes de la autoridad me dijeron que tenía que acompañarlos al pueblo, por tenérseles así ordenado. Fuí tratado por estos agentes con la cortesía antes expuesta hasta la casa cuartel de la Guardia Civil en Yauco, en donde fui entregado por ellos, los que a los pocos momentos de mi entrega se retiraron. Mi llegada al Cuartel fué entre dos y tres de la madrugada del 9 motivando tal dilación, el que los referidos guardias de Orden Público, llevaba orden de entregar al individuo Demetrio Rodríguez vecino que es también del referido barrio. Debo hacerle presente, señor Director, que mi llegada á aquella casa cuartel, no fue como la de un triste anciano, hijo del trabajo y humilde por el peso de los años que lo doblegan, y sobre todo honrado ciudadano en toda la extensión de la palabra. Fué como la llegada de un ladrón consumado, cuya captura estaba determinada para destruir su organismo, sacrificando su cuerpo á manera de las sentencias que dictan los indios salvajes. Al llegar yo en compañía de Rodríguez al citado cuartel, encontramos alli á don José María Figueroa el que al parecer, había llegado momentos antes que nosotros; pero á mi llegada fuí delante de Figueroa y Rodríguez, interrogado por la Guardia Civil, si estaba seco o mojado; a lo que yo contesté que no conocía tal lenguaje. Inmediatamente me pusieron un aparato de bronce en los dos dedos pulgares el que comprime fuertemente por la influencia de un tornillo del mismo metal; aplicándome á la par otro aparato entre los dedos de las manos, el que contiene cinco palillos de madera muy fuertes con dos guías de cordel, los que apretados fuertemente, dejáronme marcadas las huellas de su inquisidor efecto. Después de martirizado en tal forma, por segunda vez fuí interrogado de la misma manera que antes y contestando yo igual por el motivo indicado, pegóme un trompazo en la cara uno de los guardias civiles, del que resultó inferirme una contusión en la parte de la sien, próxima al ojo izquierdo, cuya huella aún conservo. No obstante de haber sido atropellado en tal forma, fuí llevado por una pareja de la misma Guardia Civil detrás del cementerio; y continuando ésta a su llegada a tal pareja, con la repugnante pregunta de seco mojado, contesté que desconocía esos términos; y ellos en vista de no poder conseguir de mí lo que al parecer deseaban; me abofetearon y agolpearon, tirándome al suelo cual si hubiese sido un perro hidrófobo; dándome golpes con las carabinas que llevaban y prometiendo matarme; palabra que me repitieron, dirigiéndome escrutadoras e irónicas miradas, a lo que contesté: "que antes prefería la muerte que ver abofeteada mis ancianas y honradas canas". Regresaron conmigo al cuartel a eso de las seis del mismo día 9, en cuyo cuartel permanecí junto a mis compañeros de infortuno Rodríguez y Figueroa, hasta las nueve de la mañana en que fuimos puestos en un carruaje, siguiendo con dirección al barrio de Tallaboa. Llegado que hubimos al puesto de la Guardia Civil de dicho barrio, fuí llamado por una pareja de aquel puesto y llevándome a un aposento desabilitado, me colgaron de los piés con un cordel de la parte inferior del techo, y no pudiendo el cordel resistir el peso de mi cuerpo, se reventó; cuya caída creí me causaría en aquel instante la muerte. No comforme aún con estos horrores expresados, volviéronme a colgar con un cáñamo alándome fuertemente por los piés, en donde después de colgados me interrogaron si era seco o mojado. Contesté que no sabía lo que contenía esa pregunta, y entonces fuí descolgado y cayéronme a culatazos hasta que me dislocaron el brazo derecho; huella que me fué tan dolorosa, que imploraba por caridad me acabaran de matar, palabra que con una fuerte bofetada me fué cortada. Multiplicándose así la idea al parecer de sacrificio, fuí mandado poner firme, y desabotonándome los pantalones y descolgándolos, me oprimieron los testículos y torciéndolos cual si hubieran sido los de un cuerpo inerte, aumentaban gradualmente la fuerza de la torcedura al extremo de quedar privado del habla, por ser aquélla una de las partes más delicadas del cuerpo humano. Hartos que se vieron quizá de atropellarme esos hombres de la Guardia Civil, volviéronme a colocar en el carruaje, junto con Rodríguez y Figueroa, subiendo también al carruaje la Guardia Civil, y dirigiéndose a esta cárcel endonde me encuentro, donde estuve privado de comunicación, la que me fué alzada a los tres días. Así es, señor Director, que luego fuí reconocido por el doctor Corchado, el que creo no vacilará en dar la certificación de cuanto dejo narrado; y si no fuera porque abrigo el temor de volver a ser presa de los que pretendieron destruir mi vida en cortos momentos, me atrevería a decirles diése de mi parte el título de Fundadores de una nueva Inquisición. Pero vivo en la esperanza que los tribunales, en vista de tales abusos como del poco motivo que á ellos han podido dar margen por estar clara mi inocencia y exento de toda responsabilidad criminal, me impartirán la debida justicia.
Cárcel de Ponce, Septiembre 17 de 1887.
Por Juan Ambrosio Rodríguez Manuel Santiago Pínedo
(Tomado de Apuntes para la Historia de Puerto Rico, de don Francisco Ma. Quiñones.)
More About José Ambrosio Rodríguez Bultés: Date born 2: 1828, Barrio de Sierra Alta, Yauco, Puerto.125, 126 Died 2: Abt. 1888, Ponce, Puerto Rico.127, 128
Children of José Ambrosio Rodríguez Bultés and Bernarda De Matos are: